Los autos forman parte de la vida de las personas desde hace mucho tiempo y la religión no se salva de esto, por eso en esta oportunidad conoceremos la relación entre los coches y la fé en Dios. Tener un auto es súper necesario para tener una vida simple, sirven para viajar, transportarse más rápido, he incluso puedes pedir un crédito por tu coche, en fin son realmente necesarios Los autos sacramentales, a pesar de no ser un coche como tal, guardan una estrecha relación con todo tipo de actividad religiosa, desde el nacimiento del creador, hasta el Corpus Christi, en España, este festival es realmente una tradición, sobre todo en Madrid. Los autos son muy vistosos y son acompañados por carrozas muy bien decoradas al mejor estilo Barroco. Una vez que la precesión llena de fe y alegría llega a la plaza mayor, se da comienzo a un gran espectáculo.

Anteriormente los autos sacramentales eran obras de teatro cortas, de solo un acto. Al principio solo eran representaciones de escenas,  algunas incluso carecían de texto, donde monstruos inspirados en animales fantásticos e incluso el Apocalipsis, tenían lugar. La temática generalmente se centraba en la eterna lucha entre el bien y el mal, los personajes casi siempre eran los mismos, la herejía, la idolatría, los pecados, la avaricia y el hombre, entre otros. Temas importantes también eran la redención de Jesús, su relación con su madre entre otros.

Para el siglo de oro, estas manifestaciones teatrales se comenzaron a llevar a los autos sacramentales, creando en camionetas escenografías fastuosas, así se crearon varios tipos de ellos, compuestas de escotillas, esferas y hasta plataformas giratorias. Cada vez que estas se presentaban, los espectadores quedaban con la boca abierta. El gusto por la innovación fue creciendo cada vez más dándole a los autos sacramentales el lugar que estos se merecen.

Para que las representaciones tuviesen un verdadero espíritu sutil, los escritos  que se dramatizaban, eran redactados por grandes poetas como Tirso de Molina, Lope de Vega y Calderón de la Barca, el cual fue sin duda uno de los más grandes exponentes de todos los tiempos. De hecho creo su propio emporio debido a esto, ya que no solo escribía como los dioses, también tenía una mente prodigiosa en lo que a decoración se trataba, en escena sin duda uno de los mejores.

Ya para el siglo XVII  los ilustrados empezaron a criticar este tipo de actividades pues creían fielmente en que solo eran una representación entre lo sagrado y lo profano. Esto levantó opiniones de todos tipos, los más devotos no dudaron en sentirse seriamente ofendidos. Además se quejaban de que cada uno de estos era un desorden literario, se supone que estos debían ser meramente católicos, pero cada día se les trataba de agregar elementos francamente ridículos.

Clavijo y Fajardo solicitaron que se se prohibieran estos actos, pues eran una falsa espiritual, las cuales terminaban ofendiendo al catolicismo y a la razón. Toda esta polémica término para el año 1765.

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